La cuarta mesa del seminario congregó a autoridades y profesionales de la Secretaría Ejecutiva del Libro y la Lectura, el Fondo de Cultura Económica (FCE), la Red de Editoriales Universitarias Chilenas (REDUCH) y la Universidad de Santiago de Chile (USACH). El panel, moderado por Alejandra Contreras, secretaria ejecutiva del Consorcio de Universidades Estatales de Chile (CUECH), buscó profundizar en la relación entre la labor académica y la institucionalidad estatal, analizando cómo el sector editorial universitario puede fortalecer su incidencia en el ecosistema cultural del país.
Karla Eliessetch, secretaria ejecutiva del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, destacó el rol estratégico de las universidades como agentes clave en la articulación de la producción de conocimiento y el desarrollo social. Durante su intervención, la especialista expuso cómo la edición académica ha ganado terreno en el mercado nacional y detalló los diversos instrumentos de fomento que el Ministerio pone a disposición del sector.
Al respecto, Eliessetch subrayó la importancia de profundizar esta vinculación, señalando que “cuando hablamos de edición universitaria, no solo estamos pensando en la edición misma, sino también en qué incidencia tienen las universidades y cómo eso se irriga hacia otros espacios de lectura que implican las redes de bibliotecas y la participación en iniciativas conjuntas, detectando que aún existe una participación tímida en ciertos mecanismos de financiamiento que debemos superar”.
Por su parte, Rafael López, director general del FCE, instó a las editoriales universitarias a diversificar su gestión y profesionalizar la distribución para competir en un mercado altamente concentrado. El representante del FCE subrayó la responsabilidad de las casas de estudio en la democratización del acceso a los textos académicos, señalando que las instituciones públicas deben ser las primeras en velar por la accesibilidad de sus catálogos.“El cambio de precio que ha tenido el libro, y que todos asumimos como normal, va a reventar el mundo lector; un libro no puede costar 25.000 pesos si queremos que haya más lectores, y ahí las instituciones públicas tenemos que hacernos cargo de que la oferta no se vuelva tan elitista”.
Isidora Sesnic, representante de REDUCH, abordó los desafíos estructurales que enfrenta el sector para consolidarse como un actor relevante en el ecosistema cultural. La representante subrayó que la red ha operado históricamente bajo una lógica de "reunión de voluntades", lo que limita su capacidad de incidencia y acceso a financiamiento estatal.
La editora también recalcó el valor del trabajo editorial como eje del prestigio institucional. “A partir de la formalización y de que nos reconozcan para tener más voz, queremos incidir en las políticas públicas del libro y la lectura desde nuestra expertise de editores académicos. Además, nos parece relevante que dentro del ecosistema de las universidades, las editoriales seamos más importantes de lo que somos en el cotidiano; desde los sellos editoriales aportamos mucho a la visibilización de las instituciones y de su discurso, pues entregamos prestigio”.
Finalmente, Galo Ghigliotto, editor de la USACH, planteó una mirada autocrítica sobre las barreras que enfrentan las editoriales universitarias, enfatizando que uno de los mayores desafíos es la incomprensión de las autoridades respecto a la naturaleza y el valor de un sello académico.
Asimismo, advirtió sobre la precariedad presupuestaria y la rigidez burocrática de las instituciones públicas, señalando que “los problemas de las editoriales universitarias revelan cómo las universidades entienden el conocimiento, la cultura y la memoria, pero sobre todo cómo sus autoridades perciben lo que significa una editorial; debemos recordar que no hacemos un flyer o una chapita, hacemos libros, que son objetos que transportan la marca universitaria y permanecen en el tiempo”.
Las intervenciones coincidieron en que la profesionalización editorial debe entenderse como una estrategia institucional orientada a fortalecer la circulación del conocimiento, ampliar audiencias y responder a las transformaciones tecnológicas en la producción y acceso a la cultura, enfatizando la necesidad de avanzar hacia una articulación que permita a las editoriales consolidarse como agentes clave en la democratización del saber.