En Chile y en el mundo, cuando se habla de implementar políticas de transición energética a gran escala, ya sea en un país o en una industria, la conversación suele centrarse en los resultados y objetivos: cuánto bajarán las emisiones, cuánta energía renovable se instalará y en qué plazos. Sin embargo, un nuevo estudio pone el foco en una pregunta previa y decisiva para que estas metas se cumplan: ¿están los tomadores de decisión escuchando lo que la ciencia ya ha analizado que es posible?
El estudio fue publicado en la revista científica Energy Strategy Reviews, bajo el título “Insights for informing energy transition policies - Are decision makers listening to science? The case of Chile”. El artículo fue liderado por el investigador Juan Carlos Osorio Aravena, desarrollado junto a los académicos Dr. Lorenzo Reyes Chamorro, Dr. Jannik Haas, Dr. Jorge Aguilera, Dr. Rodrigo Palma Behnke y Dr. Christian Breyer, en una colaboración internacional que integra al Centro de Energía de la Universidad de Chile (FCFM), la Universidad Austral de Chile (INVENTUACh), la University of Canterbury (Nueva Zelanda), la Universidad de Jaén (España), y LUT University (Finlandia).
En este trabajo, los investigadores sostienen que existe una brecha entre la evidencia científica y la planificación pública. Por ejemplo, mientras la política energética apunta a la carbononeutralidad al 2050, diversos estudios indican que Chile podría alcanzarla antes si avanzara hacia un sistema 100 % renovable en todos los sectores al 2050. “Nos dimos cuenta de que existen notorias diferencias en relación a los planes y políticas nacionales”, señala el autor principal, Juan Carlos Osorio.
Chile como modelo para la transición energética
El paper sostiene que Chile reúne condiciones únicas para analizar la brecha entre la ciencia y la planificación energética. Por un lado, su potencial renovable a lo largo del territorio —solar en el norte y eólico en el sur— lo ha convertido en un caso de interés internacional para modelar sistemas con alta penetración de energías limpias.
Sin embargo, al mismo tiempo mantiene una dependencia significativa de combustibles fósiles importados: según cifras citadas en el estudio, en 2021 el 65 % del suministro de energía primaria provino de fósiles y la independencia energética rondó el 35 %. En este escenario, la planificación no solo marca el ritmo de la transición, sino que también define si Chile podrá aprovechar efectivamente sus recursos.
A partir de este diagnóstico, el artículo identifica tres factores que tienden a volver más conservadora la planificación oficial frente a lo que muestra la evidencia científica.
- Baja resolución temporal en los modelos
La planificación suele simular el sistema con pocas horas “representativas” del año, lo que dificulta capturar la variabilidad real de la energía solar y eólica y estimar correctamente cuánta flexibilidad se requiere (almacenamiento, gestión de demanda, integración sectorial). “Es como hacerle una zancadilla a las energías renovables; lo que se necesita es simular con alta resolución temporal”, explica el académico.
- Supuestos de costos pesimistas o desactualizados
El estudio subraya que, en tecnologías claves —en particular la solar fotovoltaica—, algunos ejercicios de planificación ocupan supuestos errados respecto a cómo evolucionan los precios. “Nos dimos cuenta de que eran demasiado conservadores y en algunos casos desactualizados, en particular con la tecnología solar”, afirma el investigador, advirtiendo que esto puede subestimar la competitividad real en escenarios futuros, al asumir costos altos para años próximos que ya son inferiores en el presente.
- Tecnologías habilitantes subrepresentadas
El paper identifica una incorporación insuficiente de soluciones que permiten reemplazar combustibles fósiles fuera del sector eléctrico y acelerar la transición mediante sinergias entre sectores. “Falta simular integradamente e incorporar tecnologías claves que reflejen la interacción entre electricidad, calor, refrigeración y transporte”, explica el autor, mencionando las soluciones descentralizadas, el concepto de acoplamiento de sectores (sector coupling) y el rol de Power-to-X: “usar electricidad para distintos propósitos”, incluyendo rutas asociadas al hidrógeno y sus derivados.
Entonces ¿están escuchando a la ciencia?
La conclusión del trabajo no es que la transición energética no avance, sino que podría hacerlo con mayor velocidad y eficiencia si se actualizan los modelos, los supuestos y las tecnologías consideradas. “Si se está escuchando, se está siendo muy conservador”, sostiene el investigador sobre la pregunta principal de la investigación.
Desde la perspectiva tecnoeconómica de los autores, la evidencia científica sugiere que Chile puede avanzar hacia trayectorias más ambiciosas sin encarecer el sistema, e incluso con beneficios de costo en el tiempo.
El estudio plantea que cerrar la brecha requiere modernizar la planificación de largo plazo: mejorar la resolución temporal de los modelos, actualizar los supuestos de costos tecnológicos y representar con mayor fidelidad las tecnologías e infraestructuras que habilitan un sistema flexible e integrado.
En esa línea, el trabajo busca aportar evidencia útil para los tomadores de decisión, en un momento en que la transición ya no depende solo de instalar renovables, sino de planificar transmisión, almacenamiento y la integración entre sectores para aprovechar mejor la energía disponible y reducir vertimientos.