Salud

Prevención del Cáncer Oral: detectar a tiempo puede salvar vidas

Cáncer oral: detectar a tiempo puede salvar vidas
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Gonzalo Rojas, dentista y patólogo oral; Luz Ogalde, higienista dental, y Magdalena Pinto, dentista y patóloga oral del Hospital Clínico Universidad de Chile, parte del equipo que releva la importancia del diagnóstico oportuno del cáncer oral.
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“La oportunidad del diagnóstico marca una diferencia significativa”, señala Gonzalo Rojas, dentista y patólogo oral del Hospital Clínico Universidad de Chile, sobre la detección temprana de lesiones precancerosas en la mucosa oral.
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“Todo está a tiempo, si uno se cuida”, afirma Luz Ogalde, higienista dental del Hospital Clínico Universidad de Chile.
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“El autoexamen y el examen clínico sistemático pueden salvar vidas”, señala Magdalena Pinto, dentista y patóloga oral del Hospital Clínico Universidad de Chile.

Luz Ogalde llevaba casi 40 años trabajando como higienista dental en el Hospital Clínico Universidad de Chile. En 2015 se encontró una pequeña mancha blanquecina en el borde de su lengua. No era la primera vez que veía algo así, ya que por su trabajo había acompañado a decenas de pacientes con cáncer oral; sin embargo, nunca se imaginó que esa señal sería el inicio de su propio proceso. Un camino que la llevó a escuchar las palabras que nadie quiere oír: “Esto es cáncer”.

“Una herida en la boca que no cicatriza en dos semanas es cáncer hasta que no se demuestre lo contrario”, advierte la doctora Magdalena Pinto, dentista y patóloga oral del Hospital Clínico Universidad de Chile. Esa es precisamente la señal de alarma más importante que le salvó la vida a Luz. En Chile, el 85% de los diagnósticos de cáncer oral son tardíos. Se trata de una enfermedad que afecta mayormente a hombres, consumidores de tabaco y alcohol, y a personas con una alimentación pobre en frutas y verduras.

Si bien Luz no corresponde al perfil típico, su caso demuestra que cualquiera puede presentar manchas sospechosas (blancas o rojas) y que el autoexamen es fundamental: mirarse y palparse frente al espejo, revisar labios, encías, lengua, mejillas, paladar y cuello. También es clave estar atento a dolores de garganta recurrentes, dificultades para tragar o dolor al hablar, asimetrías en el cuello, ganglios linfáticos con aumento de volumen o úlceras que no cicatrizan.

El caso de Luz tomó un tiempo prolongado, ya que sus lesiones reaparecían constantemente y cambiaban en forma y ubicación: comenzaron en la zona anterior de la lengua y luego se desplazaron hacia el sector posterior. Su primera biopsia mostró una displasia leve, un diagnóstico precanceroso que, con controles clínicos periódicos, le permitiría mantener una vida normal; no obstante, en las biopsias siguientes la displasia fue aumentando progresivamente hasta llegar a un escenario más decisivo.

“A finales del 2021 tuve una lesión más grande. El doctor me dijo que debía hacer otra biopsia. Me sentí frustrada porque ya llevaba tiempo en esto y pensaba: ‘¿Para qué? Si va a salir lo mismo’. Decidí no hacérmela en ese momento, pero pasaron algunos meses y la lesión creció, el dolor se intensificó y los ganglios de mi cuello se inflamaron. Ahí comprendí que debía hacerla y confié porque, como me había estado controlando por tanto tiempo, sabía que, fuese lo que fuese, estábamos a tiempo”, explica Luz.

“Lo que tenía la señora Luz era una placa blanca, que es una de las primeras manifestaciones del carcinoma oral de células escamosas, el tipo de cáncer oral más común. Lo ideal es pesquisar en esa etapa”, indica el doctor Gonzalo Rojas, dentista y patólogo oral del Hospital Clínico Universidad de Chile. Un tumor pequeño tiene una supervivencia aproximada del 80-85% a cinco años, pero en uno grande, que conlleva dificultad de movimiento en la lengua o manifestaciones claras de compromiso ganglionar, el porcentaje puede bajar al 20%. “La oportunidad del diagnóstico marca una diferencia significativa. Por eso son imprescindibles controles estrictos cada tres meses cuando se diagnostica una displasia epitelial, porque puede ser la etapa previa al cáncer”, subraya.

Una última biopsia confirmó el diagnóstico. “Sentí un balde de agua fría. Respiré profundo y me vine al servicio, donde me llevaron enseguida a ver al doctor Campos”, recuerda Luz. El paso siguiente fue la cirugía, que fue compleja, y el posoperatorio, doloroso; sin embargo, el doctor finalmente le dio la noticia: habían extraído todo el tumor. “Yo estaba feliz; fue como respirar diferente”, menciona.

Hoy, casi dos años después de su operación, Luz se controla cada tres meses. Come verduras, toma vitamina D, hace gimnasia y borda los fines de semana. También asiste a terapia psicológica porque el impacto emocional fue devastador. “Al principio lloraba mucho, tenía rabia y miedo, pero más que por mí, por mi familia. Mi mamá tiene Alzheimer y, si yo faltaba, ¿quién me la iba a cuidar? Tengo un hijo también que ya es grande, pero la mamá es la mamá y tampoco quería dejarlo solo. Esas eran mis preguntas: por qué yo, si aún tengo tantas responsabilidades en esta tierra.”

La doctora Pinto insiste: el autoexamen es simple y puede salvar vidas. “El paciente tiene derecho a exigir a su odontólogo un examen completo de la mucosa oral en cada visita. Es poco probable que alguien venga al patólogo, pero uno va al menos una vez al año al dentista y esa es una oportunidad muy buena de pesquisa.”

Luz lo tiene claro: su mensaje es directo sobre la prevención y el cuidado. “Yo cuento mi experiencia para que otros no pasen por lo mismo. Todo está a tiempo, si uno se cuida.”